Coaching y Familia

¿Cómo podemos aplicar el Coaching al ámbito de la familia? Empezaré por definir este concepto, que no es tarea fácil ya que existen infinidad de aproximaciones y escuelas que matizan, amplían y modifican las bases de esta disciplina. Esta variedad en su definición, nace de su misma estructura y del modo de realizar dicha práctica.

El Coaching parte de realidades científicas y consta de un corpus de herramientas y técnicas que requieren inventiva, perspectiva, intuición y creatividad para adaptarlas a las verdaderas necesidades de la personas. Ateniéndonos a esta especificidad e individualidad, esta disciplina aparece como un arte en “el que el individuo puede desprenderse de lo que obstaculiza su desarrollo, expresar sus deseos y aspiraciones, jugar sus bazas, adquirir nuevas competencias y conocimientos y poner en marcha un plan de mejora de sus resultados” (Ángel y Amar, 2007:15).

Concluimos que el Coaching es un proceso circular interactivo a través del cual el coach asiste al cliente que recibe el Coaching a obtener lo mejor de sí mismo. Está basado en el DIÁLOGO, como propuesta metodológica de esta disciplina. Este se puede considerar como un proceso dividido en fases con el único fin de conseguir que una persona adquiera nuevas competencias, recursos, actitudes, etc. que le permitan alcanzar sus objetivos.  Para conseguirlo es necesario desaprender lo que no nos ha funcionado y crear un nuevo modelo que nos permita ser en realidad como queremos ser y actuar.

El coach facilita los recursos para:

  • Adaptarse a los cambios
  • Movilizar valores y compromisos
  • Estimular para obtener resultados
  • Predisponer para crear consenso
  • Destapar el potencial de cada uno permitiendo alcanzar sus objetivos.

Lo que una persona cree sobre sí misma depende en gran medida de lo que interpreta acerca de cómo le ven los demás, es decir, el concepto del yo viene determinado, en parte, por lo que creemos que los demás piensan de nosotros y eso se intuye a partir de los comportamientos y las actitudes de los demás y de la forma en que nosotros los interpretamos y valoramos. La supremacía de la familia es máxima en este campo, pues constituye el pilar fundamental de nuestra sociedad, el grupo de referencia y la principal fuente de apoyo para el individuo.

En efecto, no hay nadie que pueda influir tanto en el propio bienestar de las personas que realmente nos importan y a las que más apreciamos; sean estos familiares, amigos, pareja o compañeros.

De hecho, la influencia que los miembros de nuestro entorno más cercano ejercen en la formación de nuestro auto concepto suele ir cambiando a lo largo de la vida. Así, la influencia de los padres respecto de sus hij@s es máxima durante la infancia y se mantiene durante la adolescencia y la juventud.

En este sentido el entrenamiento cobra más valor si cabe ya que se dirige a un grupo de personas que, movidas por el amor, pueden ir cambiando el espectro de nuestra sociedad.

Ana Mª Prats Cedó – Coach de Familia

COACH CERTIFICADO
E.C. (Emprendedor Coach)

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Joana Prats

Pintura